Tal vez me sorprendió el recuerdo de ese estado de separación,
de tajo abrupto que divide el hoy con el ayer
que me produjo que hoy tuviera ganas de llorar,
como lloré las otras veces,
parecido,
(pero nunca)
como la primera vez
28 de octubre de 2011
27 de septiembre de 2011
20 de septiembre de 2011
26 de julio de 2011
Durante esos viajes nos transformábamos en nómades. En realidad nos movíamos por el tiempo más que por el espacio. Más aún; el espacio quedaba relegado a un segundo plano y pasaba a ser el envoltorio de nuestras burbujas temporales. Esas cápsulas en las que nos refugiábamos de los días que -pensábamos- nos iban a doler. Tiempos en que no había otra verdad que la de sentir que, contradictoriamente, marcharse era estar en casa. Una casa que, simplemente, cambiaba de habitantes, olor, luces y sonidos en función de dónde nos llevara el tiempo esa vez.
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